Cannabis de uso no médico

Riesgos del consumo del Cannabis en la salud

Problemas específicos relacionados con el Uso frecuente y prolongado

Puntos claves:

  • El consumo crónico de cannabis se ha asociado con alteraciones en la expresión verbal, memoria operativa, aprendizaje y atención. Los efectos crónicos guardan relación con la edad de inicio de consumo, frecuencia y dosis. El uso frecuente y prolongado incrementa los riesgos.
  • Los trastornos cognitivos persistentes en la edad adulta son más frecuentes cuando el inicio del consumo ocurre en la adolescencia.
  • El inicio del consumo de cannabis se relaciona con mayor riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de cannabis, entre los cuales se encuentra la dependencia o adicción.
  • El uso frecuente y prolongado de cannabis se asocia con un mayor riesgo de desarrollar síntomas psicóticos y esquizofrenia en individuos genéticamente predispuestos, o bien acelerar la aparición de la enfermedad. Otros factores que inciden en un mayor riesgo son la precocidad en el inicio de consumo, factores individuales y ambientales.
  • El consumo habitual de cannabis puede agravar el curso de la esquizofrenia, con mayor tasa de recaídas.
  • No existe evidencia sólida que el consumo regular y frecuente de cannabis determine por sí mismo la aparición de esta enfermedad psiquiátrica.
  • Existe moderada evidencia que el consumo regular y frecuente de cannabis puede incrementar levemente el riesgo de síntomas depresivos.
  • Existe moderada evidencia de una asociación estadísticamente significativa entre el uso regular y frecuente de cannabis y la aparición de un trastorno de ansiedad social (fobia social).
  • El consumo regular y frecuente de cannabis fumado se relaciona con mayor prevalencia de síntomas respiratorios agudos secundarios a la inflamación de la mucosa bronquial, bronquitis crónica y mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias.
  • Hasta el momento no existe evidencia concluyente que el consumo de marihuana fumada se asocie con mayor riesgo de enfisema, obstrucción de la vía aérea y cáncer de pulmón.
  • El uso frecuente de cannabis produce cambios en la frecuencia cardíaca y en la presión arterial, constituyendo un mayor riesgo en personas con enfermedad cardíaca.
  • Si bien la evidencia es limitada, existen numerosos mecanismos por los cuales el consumo crónico de cannabis fumado puede asociarse a mayor riesgo de cardiopatía isquémica, arritmias cardíacas y enfermedad cerebrovascular.

1. Cannabis y alteraciones cognitivas

El uso crónico de cannabis se ha asociado con problemas de memoria, atención y concentración, así como del pensamiento o razonamiento abstracto. No obstante, el entorno donde vive la persona, así como su nivel educativo, consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas, y enfermedades psiquiátricas como depresión son factores que pueden incidir en estas alteraciones 1, 2.

El uso frecuente y prolongado de cannabis se ha asociado con problemas de memoria (fundamentalmente a corto plazo), de la atención y concentración, así como alteraciones del aprendizaje y expresión verbal 3, 4. La evidencia es menor en relación a alteraciones de las funciones psicomotoras, y controvertida cuando se hace referencia a problemas en las funciones ejecutivas (como planificación, razonamiento, resolución de problemas, inhibición, fluidez verbal) y toma de decisiones 3. Los déficits en la atención son aquellos que persisten con mayor frecuencia luego de lograr la abstinencia, condicionados principalmente por la edad de inicio y la frecuencia de consumo 5. Estudios en consumidores frecuentes han demostrado alteraciones en el volumen y en la estructura del cerebro, particularmente en regiones como el hipocampo y la amígdala 6, 7, 8, 9.

2. Cannabis y complicaciones neuropsiquiátricas

2.1.Dependencia

El uso frecuente de cannabis se asocia a un mayor riesgo de desarrollar dependencia. Los niveles de dopamina en regiones del cerebro que constituyen el sistema de recompensa o de gratificación, y en cuya base neurobiológica se encuentra la génesis de un trastorno adictivo o dependencia, son modulados por el sistema cannabinoide endógeno 10. La estimulación del sistema endocannabinoide en consumidores habituales de marihuana se relaciona con cambios neuroadaptativos en relación a una reducción del número y afinidad de los receptores por los cannabinoides endógenos, fenómeno que se traduce en la tolerancia, es decir la necesidad de aumentar la dosis para lograr el mismo efecto 11, 12. En estos casos se describe un síndrome de abstinencia a cannabis tras el abandono o la franca reducción en el consumo, caracterizado por irritabilidad y otros cambios del humor, imposibilidad para conciliar el sueño, disminución del apetito y malestares físicos inespecíficos 13. El síndrome de abstinencia tiene su mayor intensidad a los 2 a 3 días del último consumo y puede durar 1 a 2 semanas 14. Autores afirman que el inicio del consumo en la adolescencia aumenta 4 a 7 veces la probabilidad de desarrollar un trastorno por consumo de cannabis, en comparación con su inicio en la edad adulta 15.

2.2. Cannabis y trastornos psiquiátricos

Numerosas investigaciones han relacionado al consumo de cannabis con mayor riesgo de desarrollar cuadros psiquiátricos, tales como psicosis o esquizofrenia, ansiedad y depresión. Numerosas teorías e hipótesis se han planteado para explicar esta mayor probabilidad. Sin embargo no existe un consenso sobre el rol del uso frecuente y prolongado de cannabis en el desarrollo de estos trastornos. Manifestaciones de la esfera neuropsiquiátrica ocasionadas por el consumo de cannabis guardan una relación con la dosis, por lo que las mismas se asocian más frecuentemente al uso regular y diario 16.

Numerosos estudios se han publicado en relación al consumo de cannabis y su relación con la esquizofrenia. Revisiones parecen alcanzar algunas conclusiones similares tales como la elevada prevalencia de consumo de cannabis en pacientes esquizofrénicos, el hecho de que el consumo de cannabis puede inducir síntomas psicóticos y agravar el curso o descompensar una esquizofrenia previamente diagnosticada 17, 18. También se ha evidenciado de que existen menos síntomas negativos psicóticos (aplanamiento afectivo, embotamiento del pensamiento, aislamiento social) en los consumidores de cannabis 19.

Diversas hipótesis se han planteado para explicar la relación entre el consumo de cannabis y el desarrollo de esquizofrenia 17, 18, 19, 20, 21, 22:

- Hipótesis de la automedicación: el consumo de cannabis se produce para aliviar el malestar psíquico relacionado con la psicosis.

- Hipótesis de la adicción primaria: la adicción en sí misma es un síntoma primario relacionado directamente con la esquizofrenia y aumenta la vulnerabilidad para consumir cannabis y otras drogas.

- Vulnerabilidad común para ambos trastornos: alteraciones neurobiológicas o factores ambientales comunes predisponen a la esquizofrenia y al consumo de cannabis.

- Hipótesis etiológica: el consumo de cannabis por sí mismo favorecería el desarrollo de una esquizofrenia. En este caso el inicio precoz del consumo, una vulnerabilidad genética y la presencia de una personalidad esquizoide parecen ser factores que incrementarían el riesgo.

En relación a esta hipótesis hay autores que afirman que la psicosis crónica podría aparecer más tardíamente en ausencia del consumo. En relación a esta última hipótesis, numerosos estudios se han publicado en relación al consumo de cannabis y la probabilidad de desarrollar una psicosis o esquizofrenia.

En algunos casos los resultados no son concluyentes. Algunos trabajos muestran que el consumo de marihuana puede duplicar el riesgo de aparición de esquizofrenia 23, 24. La interacción entre el sistema dopaminérgico (relacionado con aparición de síntomas psicóticos) y el sistema cannabinoide endógeno, así como la interacción del cannabis con el polimorfismo genético de una enzima relacionada con la liberación de dopamina (catecol-O-metil-transferasa o COMT) constituyen bases neurobiológicas de la posible relación causal 25, 26. Otros autores han relacionado un incremento de riesgo para desarrollar psicosis en usuarios de cannabis que poseen una variante en un gen denominado AKT1, relacionado con la liberación de dopamina en algunas regiones cerebrales 27.

Sin embargo, otros investigadores señalan que no existe una clara evidencia de que el consumo de cannabis por sí mismo pueda llevar a la esquizofrenia como enfermedad crónica 28. Algunos de estos autores argumentan que no existe un notorio aumento de la prevalencia de esquizofrenia en la población como debería esperarse tras el incremento del consumo de cannabis 29. Otros autores han estudiado algunos principios activos no psicoactivos como el cannabidiol o CBD, el cual posee propiedades antipsicóticas 30, 31. De todas formas no existe hasta el momento una evidencia científica sólida que avale el uso de cannabis con fines medicinales en el tratamiento de la esquizofrenia 32, 33.

El uso frecuente y prolongado de cannabis puede dar lugar al denominado “síndrome amotivacional”, con desinterés, incapacidad de desarrollar planes de futuro y abandono del cuidado personal. Estas alteraciones suelen desaparecer luego de un tiempo de haber abandonado el consumo. Autores lo asocian más a un conjunto de síntomas de deterioro motivacional por el uso regular de cannabis que a un nuevo síndrome neuropsiquiátrico 34.

Si bien tampoco existe un consenso en relación al consumo de cannabis y mayor riesgo de depresión, estudios han evidenciado que el uso regular y frecuente de cannabis se ha asociado a un leve incremento del riesgo de aparición de síntomas depresivos y conductas autoagresivas 33, 35, 36.

Por otra parte se ha demostrado que existe una asociación estadísticamente significativa entre el uso problemático de cannabis y una mayor incidencia de trastornos de ansiedad 37.

3. Cannabis y enfermedad respiratoria

La marihuana se consume fundamentalmente por vía inhalatoria fumada, en cigarrillos. Fumar cannabis implica un fenómeno de combustión en el cual se generan productos nocivos para el aparato respiratorio.

El humo de la marihuana fumada contiene algunos compuestos similares a los hallados en el humo de tabaco, tales como amoníaco, nitrosaminas, fenoles, naftalenos, y sustancias carcinogénicas como benzopirenos y bezantracenos. En comparación con los fumadores de tabaco, los consumidores de marihuana fumada tienen niveles de carboxihemoglobina 4 a 5 veces mayor 38. La forma de consumo difiere dado que en general la marihuana se fuma sin filtro, la inhalación del humo es más profunda y el humo es retenido por más tiempo 39, 40. La forma vaporizada disminuiría los efectos irritativos secundarios a los productos de la combustión, observándose un beneficio en aquellas personas que padecen de asma o de una enfermedad pulmonar, y utilizan el cannabis con fines medicinales 41.

El uso frecuente y prolongado de cannabis fumado se asocia a una mayor prevalencia de síntomas tales como tos crónica, expectoración, disnea (falta de aire), así como mayor frecuencia de broncoespasmo 42. Existe un incremento de los episodios de bronquitis aguda y consultas médicas por enfermedad respiratoria aguda 43. Los síntomas de bronquitis crónica suelen mejorar al abandonar el consumo 44.

Existe un mayor riesgo de infecciones respiratorias en fumadores crónicos de marihuana 38, 43. Si bien algunos autores sugieren que el uso crónico de cannabis se asocia a hiperinsuflación pulmonar 40, 42, no está claramente demostrada una asociación con enfisema 43. No obstante la asociación de consumo de marihuana con tabaco incrementa significativamente los riesgos de desarrollar estas complicaciones y de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)38, 45.

Los efectos del consumo crónico de marihuana sobre la función pulmonar no son concluyentes. La mayoría de los estudios no demuestran cambios significativos en dicha función 46, 47, 48. Numerosos reportes han revelado la presencia de complicaciones tales como neumomediastino y neumotórax en consumidores de cannabis fumado, pero no se ha podido establecer una relación causal clara 43, 49, 50.

En relación al cáncer de pulmón, no se ha podido demostrar una asociación estadísticamente significativa 43, 51. Algunos autores evidenciaron un mayor riesgo en consumidores regulares de cannabis a altas dosis pero los resultados no son concluyentes por el número limitado de casos estudiados 52. Resulta muy difícil establecer una asociación cuando la mayoría de los usuarios estudiados son también fumadores de tabaco 38, 43.

4. Cannabis y enfermedad cardiovascular

El consumo de cannabis se ha asociado a incrementos de la frecuencia cardíaca y alteraciones de presión arterial, efectos que parecen ser dosis dependientes 53, 54.

Los consumidores crónicos de cannabis poseen niveles elevados de carboxihemoglobina que pueden desencadenar alteraciones en la irrigación cardíaca, fundamentalmente en aquellas personas que ya poseen enfermedad coronaria 54. Existen reportes de mayor riesgo de infarto agudo de miocardio en la primera hora de haber fumado cannabis en usuarios crónicos con una frecuencia al menos semanal 55. El consumo crónico de marihuana fumada se ha relacionado con mayor riesgo de cardiopatía isquémica, arritmias cardíacas y accidentes cerebrovasculares 56, 57, 58, 59

Referencias bibliográficas